martes, 25 de febrero de 2014

LA IGLESIA DEL SALVADOR

  El arrabal del Salvador de Sagunto, o como le llamamos en el pueblo: "El Raval" es un barrio que apareció ya en época romana fuera de las antiguas murallas, en un punto donde se cruzaban tres caminos: la vía Augusta, que desde Valencia entraba en el pueblo, uno de sus ramales que desde Sagunto partía hacia Teruel, el actual Camino Real, (hoy una calle más del pueblo, pero que en origen fue un camino que bordeaba la muralla), y por último el camí de la mar: el camino que une Sagunto con el puerto romano del Grao Vell.  En época islámica esta zona recibirá el nombre de rawal  o arrabal, (raval en valenciano) que quiere decir barrio situado fuera de las murallas, convirtiéndose por su posición en una zona comercial donde abundarán hostales y tiendas que atendían a los viajeros.


  El corazón de este barrio lo constituye la iglesia del Salvador, la cual es la más antigua del pueblo. Su construcción data de 1248, apenas diez años después de la conquista cristiana de la ciudad por las huestes de Jaume I.

 Esta iglesia pertenece a un estilo arquitectónico típico de Valencia: el llamado gótico de conquista, el cual conserva muchos elementos del románico. Se trata de un estilo  arquitectónico muy simple en el cual se construyen  iglesias muy sobrias, debido a que los conquistadores cristianos necesitan edificar templos nuevos en poco tiempo para satisfacer las necesidades espirituales de los pobladores cristianos que se están estableciendo en los territorios recién conquistados a los musulmanes. Estás prisas que se dan para acabar los edificios originara un tipo de iglesias muy sencillas, de una sola planta y con el tejado generalmente a dos aguas. Cerca de Sagunto tenemos otros ejemplos de este estilo arquitectónico como son la iglesia de la Sangre en Onda y la tambien iglesia de la sangre en Liria.

Iglesia de la Sangre, Liria








Interior de la Iglesia de la Sangre, Onda.

En el gótico de conquista se opta por soluciones arquitectónicas simples, como el tejado a dos aguas sobre arcos en vez de las cúpulas, pues los constructores tienen prisa por acabar para seguir edificando nuevas iglesias según van conquistando territorios a los musulmanes.
Sin embargo la iglesia del Salvador es muy curiosa por varios motivos:



  En primer lugar llama la atención la sencillez de su pórtico: un arco de tipo románico algo pasado de moda en un iglesia gótica. Arriba de el se encuentra un medallón circular con una imagen que en la actualidad está demasiado deteriorada para que se pueda interpretar a quien o que representa. A ambos lados de este medallón hay dos canecillos o soportes de piedra que debieron sujetar un porche de madera que cobijaba a los feligreses. 

Pero lo que más capta la atención es la diferencia entre los sillares de la parte inferior de la iglesia y los del resto del edificio. Estos sillares son mucho más grandes y seguramente provendrían de monumentos romanos reutilizados en su construcción. No olvidemos que la vía Augusta pasaba por delante de la fachada y que en torno a ella se encontraba la necrópolis romana.






A la derecha se ven los sillares antiguos mucho más grandes

Fragmento romano reutilizado en la esquina norte.


Otra aspecto interesante es el corte que marcan dos lineas que se pueden ver claramente inscritas en la sillería de la fachada, entre la zona inmediata a la entrada y el resto del frente, diferenciando lo que parecen ser dos fases de construcción.

Hay marcadas dos lineas verticales a ambos lados de la fachada

   A este respecto hay que apuntar varias cosas:  según el historiador Chabret a finales del S.XIX se podía ver en el medallón una imagen de San Juan bautizando a Jesús. Parece ser que El Cid, tras conquistar la ciudad en 1098 mandó construir una iglesia dedicada a San Juan Bautista. Así, cabe la posibilidad de que la iglesia del Salvador esté construida sobre una iglesia románica más antigua, a la cual corresponderían el arco de la entrada, el medallón y los soportes del antiguo porche. Las excavaciones realizadas en la restauración de la iglesia en 1992 sacaron a la luz los cimientos de dos muros que se extienden paralelos a estas lineas de corte en la fachada por debajo del suelo actual, lo cual podría confirmar esta hipótesis, aunque estos muros no se han podido datar todavía.

Otra cosa que llama mucho la atención es la sencillez de su interior:  un tejado a dos aguas aguantado por tres arcos. El techo de madera original era un artesonado mudéjar de gran belleza que fue vendido por el párroco a principios del siglo XX. De él solo se conservan unos pocos fragmentos en el museo de Historia de Valencia y en diversos museos de París y Londres. Parece ser que casi todo pasó a manos de particulares. 
  Como nota curiosa a ambos lados de estos arcos se ve como comienza el tendido de varios nervios que habrían de cruzarse formando cúpulas. Sin embargo esto no es así y solo se entrecruzan en el ábside,  el resto de  los nervios están truncados, como si en un principio se hubiera pensado en cubrir todo el techo con cúpulas y a ultima hora se hubiera optado por cerrar la iglesia con el actual tejado a dos aguas, que es una solución más rápida y sencilla.



Nervios truncados
   Estos nervios si que están completos en el primer tercio de la iglesia, formando la cúpula que cierra el ábside, frente al altar.
¿Por qué están estas cúpulas sin acabar? Sobre esto cabe dos posibilidades:
- o nunca se acabaron.
- o fueron acabadas y luego destruidas.

  Esta última posibilidad sería muy remota si no fuera porque se conserva un documento firmado por el Rey Pedro IV de Aragón ( Pere el Cerimoniós), ordenando la destrucción de la iglesia del Salvador de Morvedre. ¿Como es esto posible?

  En  1354 Pedro I El cruel  de Castilla declaró la guerra a Pedro El  Ceremonioso de Aragón. Es la llamada guerra de los dos Pedros. Uno de sus episodios fue la conquista de Sagunto por las tropas castellanas en 1363. La ciudad permanecerá en poder del rey castellano hasta el 14 de Septiembre de 1365 en que será reconquistada por el monarca aragonés. Esta reconquista le costó Dios y ayuda, porque los soldados castellanos se hicieron fuertes en el tejado y campanario de la iglesia del Salvador, y desde allí lanzaban flechas a los soldados aragoneses,  los cuales finalmente tomaron la iglesia aunque a costa de sufrir numerosas bajas.
 Debido a este episodio, el Rey publicó un edicto por el cual prohibía  toda nueva construcción en el arrabal del Salvador para que no pudiera servir de refugio al enemigo y asimismo ordenaba la demolición de la iglesia.
   Obviamente esta demolición nunca se llevó a cabo, seguramente fue una decisión "en caliente" que alguien le aconsejó meditar, pues habría sido un sacrilegio y un conflicto con las autoridades eclesiásticas impensable para la época. No obstante no es descabellado pensar que este derribo pudiera haberse iniciado por la parte más alta de la iglesia, desmontando su tejado hasta que llegó la orden de parar. Así, la pregunta sobre si las bóvedas están inacabadas o destruidas sigue siendo un misterio.


Donde si están las nervaduras acabadas es en la cúpula del ábside del altar mayor.
 El altar actual data de los años 50, el original junto con un retablo churrigueresco fueron destruidos durante la guerra civil, cuando la iglesia fue asaltada por milicianos anarquistas. También fue destruida la barandilla de marmol jaspeado que rodeaba el altar y que provenia de un monumento funerario romano hallado ceca de la iglesia en el siglo XVIII.
 Donde se juntan los nervios hay una pieza redonda  que forma la clave de la bóveda y que representa a Cristo Pantocrator.

La clave con imagen del Cristo Pantocrator






Entre los siglos XVII a XIX a la iglesia se la añadieron las dos capillas laterales que tiene ahora y se construyó la casa parroquial al lado, a la vez que el terreno situado detrás de la iglesia y que había albergado el cementerio fue edificado. De tal manera que la iglesia quedo encajonada por tres de sus cuatro lados entre construcciones modernas que desvirtuaban su forma original. También, al igual que la Iglesia de Santa María, su interior fue completamente cubierto con estuco blanco.


Mi Suegro Eusebio Almenar tocando la clave en 1948


En 1948 se decidió eliminar todo el estuco que cubría el interior de la iglesia, dejando al descubierto los sillares, a la vez que se rejuntaron estos con argamasa,  obra que realizó mi suegro, el contratista  D. Eusebio Almenar y de la cual siempre se ha sentido especialmente orgulloso. Observese en la foto las medidas de seguridad de la época:  andamios de maderos atados con cuerdas, ausencia total de arneses, cascos , etc.  

  En 1991 se acometió la última y más completa restauración de la iglesia: Se derribó la antigua casa parroquial, lo que permitió dejar exenta la iglesia y recuperar parte de su aspecto original, se excavó en su interior descubriendo los restos de la iglesia románica antes mencionada y se descubrió una cripta subterránea con restos de enterramientos, así como fragmentos de material funerario romano, cerámica, etc.
Tengo pendiente una entrevista con el párroco para acceder a la cripta, así que un día de estos habrá una entrada sobre ella.
Hasta pronto.

Se ha recuperado  parte del espacio del antiguo cementerio

El arco cegado que unía la iglesia con la casa parroquial.












Una lapida medieval recuperada en el entorno de la cripta.

martes, 4 de febrero de 2014

SAGUNTO Y LOS PIRATAS ( I I ): EL FORTÍN DEL GRAO VELL.

    Continuo en esta entrada la anterior dedicada a la piratería en nuestras costas. Como habíamos comentado, la actividad de los piratas será muy intensa a lo largo de los siglos XVI y XVII, lo que motivo la construcción de una serie de torres de vigilancia a lo largo del litoral mediterráneo. En esta ocasión nos vamos a centrar en una de esas construcciones, la cual ha llegado a nuestros días en bastante buen estado: el fortín del grao vell.
El Grao Vell de Sagunto.
 El Grao vell o puerto viejo es un pequeño asentamiento de pescadores situado en la playa, a pocos kilómetros del actual Puerto de Sagunto. Es una barriada tranquila de apenas una docena de casas, con una iglesia, una escuela que ya no funciona, un bar y las ruinas  del fortín y  de sus dependencias.
Este poblado se asienta sobre el lugar que ocupó el antiguo puerto romano y en el se han localizado muchos restos de esta época.  El puerto romano estuvo en funcionamiento hasta el final de la época visigoda, pero la zona fue usada como embarcadero hasta la construcción del moderno Puerto de Sagunto a finales del siglo XIX.
 Durante el Siglo XVI Se construyó en el lugar una de esas torres de defensa y vigía que mencionábamos antes, (ver primera parte de la entrada),  la cual se reformó ampliamente a finales del XVIII.
Entre 1714 y 1715 las potencias europeas pusieron fin a la guerra de sucesión española mediante la firma de la paz de Utrecht. Este acuerdo reconocía la legitimidad de Felipe V como rey de España, pero al mismo tiempo Inglaterra, obtuvo la posesión de Gibraltar y Menorca, dos territorios españoles que había conquistado durante la guerra. La isla balear sería devuelta en 1802 , no así Gibraltar.
Los Ingleses convertirán sus nuevas colonias de Menorca y Gibraltar en bases de corsarios desde las cuales atacaban los barcos y puertos españoles. Así, en octubre de 1780 se apoderan de dos barcos fondeados en el grao de Sagunto y se los llevan a Mahón. Esto contrarió a dos personajes públicos de gran importancia en el Sagunto de esa época: Juan Verchere Platet y Miguel de Muzquiz.
  Juan Verchere tenía el cargo de "regidor perpetuo de la villa", otorgado por el Rey Felipe V a su tío abuelo, el cual era un rico comerciante venido de Francia que se estableció en Sagunto. Este personaje fue tildado de Nepotista, dictador y defraudador por los saguntinos de la época por concentrar en sus manos y en las de su familia cargos y negocios de todo tipo. Una de estos cargos era el de subdelegado de marina por el cual  era el responsable del tráfico marino y del control de  mercancías que pasaban por el puerto.
El otro personaje arriba mencionado: Don Miguel de Muzquiz, era secretario Real de Hacienda y Guerra entre 1765 y 1785. Este noble de origen navarro, pese a residir en la corte madrileña tenía muchas propiedades y negocios en Sagunto, entre ellos era dueño de todos los hornos, almudines y molinos. Ambos personajes tenían muchos intereses económicos en el pueblo para los cuales la piratería suponía un autentico problema.
De esta manera el 17 de diciembre de 1781 Juan Verchere escribe una petición oficial a la corona a través del ministro Muzquiz solicitando permiso para la reforma de la torre de vigía del grao vell. Reforma que había de ser hecha mediante "La construcción al pie de dicha torre de una batería capaz de tres cañones del calibre de 16 0 12, con su repuesto y cuartel para cinco artilleros y un cabo, para que pueda ser defendida dicha playa de los corsarios enemigos..."
El Secretario de Hacienda y Guerra contestará el 24 de enero de 1781 dando permiso para el inicio de las obras y adjuntando un plano del proyecto.

Plano original de la torre y batería del Grao vell 1781





Estos dos prohombres mantendrán una larga correspondencia a lo largo de este año en la cual la obra queda definitivamente perfilada: la batería se construirá al frente de la torre ya existente y unida a esta, el acceso se hará por dentro de dicha torre y ambos espacios estarán fortificados mediante la construcción de un recinto amurallado o corralón en cuyo interior estarán las dependencias militares y casas de los soldados y cuyo acceso estará protegido por un foso y un puente levadizo construido en su frente.






Frente de la batería con vista del foso y almacenes al fondo



  
Junto al "corralón" o patio de armas y a ambos lados por detrás de la torre hay unos edificios de una sola planta, usados como almacenes para las mercancías del puerto y tambien la aduana. Estos edificios ya existían anteriormente:  los almacenes fueron construidos en 1711 y la aduana en 1778. 
 Casi todas estas construcciones se conservan hoy en día con excepción del foso y del puente levadizo. 

Plano del fortín con el corralón y foso.


 La última carta que se conserva es del 4 de septiembre de 1781. En ella Verchere informa de la conclusión de las obras y del emplazamiento en ella de tres cañones traídos desde el castillo de Denia. En la correspondencia se menciona tambien la construcción del foso, el cual no existe hoy en día, así que cabe suponer que o bien no se acabó o fue rellenado en algún momento. 
Según el presupuesto adjuntado por Verchere la obra tuvo un costo total de sesenta mil setecientos treinta reales de Vellón con diez maravedíes. Sin duda una fortuna para la época, aunque ignoro cuanto sería esta cantidad en euros. Según la información que he podido encontrar, un real de vellón valía 34 maravedíes, un maravedí eran 25 sueldos y un sueldo era el equivalente a una semana de paga de un obrero.





En la actualidad no quedan trazas del foso ni del puente levadizo y la plaza interior o corralón ha sido parcialmente ocupada por casas particulares que se fueron edificando en época moderna. No obstante tanto la torre de vigilancia como la batería están bastante bien conservadas. Los antiguos almacenes y aduanas han corrido una suerte dispar.




  En esta foto vemos la entrada al corralón. a la izquierda se pueden ver los restos del gozne de la puerta del recinto, la cual ya no existe. Al fondo y junto a trasteros  modernos está el pozo del fortín, que originalmente quedaba en el centro del patio pero que en la actualidad, debido al aprovechamiento por los vecinos del espacio para construir casas y garajes se encuentra en un rincón. 







      El acceso a la torre se hacía desde el interior de la plaza, pero hoy en día esta entrada es practicamente inaccesible, ya que el agujero donde estuvo la puerta queda  a unos tres metros del nivel del suelo. Si alguna vez hubo una escalera de obra esta ya no existe, aunque lo más seguro es que se subiera mediante una escala de madera que podía ser retirada desde el interior de la torre. Desde dicho interior, a su vez, se accedía a la batería anexa. No pude entrar,  aunque tampoco sería imposible hacerlo si se usa una buena escalera y se hace un poco de gimnasia. Tengo pendiente una visita al interior, aunque no me cabe duda de que los residentes habrán entrado a menudo.







  La batería tiene en su frente el escudo del rey Carlos IV, bajo cuyo reinado fue edificada. Verchere propuso a la corona que fuese bautizada precisamente como "Batería del Real Carlos" aunque la decisión del Rey fue que se llamara Batería de Murviedro. El escudo está muy deteriorado por culpa de la erosión, ya que no está hecho con el mismo tipo de roca que el resto de la obra: piedra caliza extraída de la montaña del castillo, un material mucho más resistente.




Batería de Doyle, en el Castillo de Sagunto



  Como nota curiosa cabe decir que la batería del Grao Vell está construida en una época muy cercana a cuando fueron construidas muchas de las baterías del castillo de Sagunto, y que para su construcción tambien se empleó el mismo tipo de roca proveniente del castillo. Es por eso que tienen un aspecto tan parecido.








Edificio de la antigua aduana

El edificio de la aduana fue transformado en vivienda y en la actualidad está abandonado y en estado ruinoso. Otras dependencias fueron tambien aprovechadas como viviendas y corrieron distinta suerte. Algunas han sido tan reformadas y reconstruidas que no conservan ningún elemento original a la vista. Otras sin embargo, aun conservan partes originales de las fachadas como dinteles en puertas y ventanas. Seguramente muchas de estas viviendas conservaran más restos en el interior, pero al ser casas particulares no es fácil acceder, (aunque si alguna vez consigo que me inviten prometo hacer fotos.



Almacenes, antigua entrada.





 Los antiguos almacenes en parte siguen conservando su función, al menos los situados en el lado norte. Ahora son usados por particulares para guardar aperos y como garajes aunque algunas de las puertas originales se han cerrado. 
En general el estado del complejo defensivo es bastante  bueno, aunque se halla completamente abandonado. Como casi todo nuestro patrimonio histórico está esperando un buena restauración y puesta e valor y si no se ha derrumbado ha sido más por estar en parte todavía en uso que por el interés que se ha puesto en preservar una parte de nuestra historia. Esperemos que lo conservemos aun muchos años y que alguna vez se tome una iniciativa seria por protegerlo.





Dintel de un almacén con fecha: 1711


Fuentes y bibliografía:
-Lluesma España Josep Antoni, Los Piratas y Sagunto: La defensa del litoral en el camp de Morvedre y la batería del grau vell. Bancaja 2009.
-Gil Piqueras Teresa, Rodríguez Navarro Pablo. La Torre del Grau Vell en la defensa de la costa de Sagunto- Defensive Architecture of the Mediterranean. XV to XVIII centuries / Vol II. Editorial Universitat Politècnica de València, 2015.

 

lunes, 20 de enero de 2014

SAGUNTO Y LOS PIRATAS ( I ): LAS TORRES DE VIGÍA

    Cuando alguien menciona a los piratas en seguida nos viene a la mente la típica imagen de los filibusteros del mar caribe, con sus fragatas llenas de cañones abordando los galeones que volvían de las américas cargados de oro. Sin embargo no tenemos que irnos tan lejos para encontrar autenticas historias de piratas, pues aquí mismo, en las costas valencianas, vivimos durante siglos amenazados por ataques de piratas y corsarios.  
    Efectivamente, aunque ahora nos parezca increible en el mar mediterráneo se practicó la piratería hasta principios del siglo XIX. Durante muchos años las costas españolas estuvieron expuestas a  incursiones de piratas que se dedicaban a atacar las poblaciones cercanas al mar, asaltaban granjas y caseríos, saqueaban cosechas y  tambien  secuestraban a pobres desdichados que después eran vendidos como esclavos.
   Este fenómeno de la piratería en nuestras aguas viene de antiguo. El propio Julio César, en su juventud, fue secuestrado por piratas cerca de la isla de Rodas, a donde había ido a estudiar oratoria con un afamando maestro griego.(75 a.C.).  A César le pareció ridículo el rescate que sus captores pedían por el y exigió que fuera doblado, cosa que los malhechores hicieron. Tras 38 días de secuestro la familia efectuó el pago y Cesar se despidió de los piratas no sin antes prometerles que los exterminaría, promesa que cumplió en cuanto regresó a Roma, reclutando marinos y armando una flota de guerra.
 En la edad media tambien los vikingos atacarán las costas españolas, sobre todo las del litoral cantábrico, aunque tambien se atrevieron a realizar  incursiones por el mediterráneo, llegando a remontar el río Guadalquivir y saquear Sevilla en el año 844, en época del Califa Abderrahman II. 
Curiosamente los musulmanes, que en esta ocasión fueron víctimas de la piratería, se convertirán siglos más tarde en los piratas más fieros y famosos del mediterráneo.

Escudo del Imperio Otomano, palacio de Topkapi, Estambul
El 29 de Mayo de 1453 los turcos conquistaron Constantinopla, la capital de Bizancio, el antiguo imperio romano de occidente. La ciudad, con el nuevo nombre de Estambul, se convertirá en la capital de su imperio. En pocos años el Sultanato Otomano se convertirá en una gran potencia que se extenderá por las costas del mar negro y del  mediterráneo oriental, desde tierras turcas hasta Hungría y Bosnia y desde Irak hasta Túnez.
 Los turcos se enfrentarán con las potencias cristianas europeas por el control del mar mediterráneo y sus rutas comerciales. En este contexto el imperio prestará apoyo militar y comercial a los piratas berberiscos, que desde las ciudades portuarias de Berbería (en los actuales países de Argelia y norte de Marruecos) atacarán los buques y costas españolas, pues España será durante los siglos XVI a XVII la principal potencia europea y el mayor enemigo marítimo de los turcos.

Monumento a Jairuddin Barbarroja, Estambul.
  Estos piratas eran en realidad corsarios, pues tenían licencia o patente de corso otorgada por el Sultán. Esta licencia era un permiso que les permitía quedarse con el botín saqueado a cambio de otorgar una parte al Estado, de manera que lo que para nosotros fueron piratas en realidad eran marinos militares que cumplían órdenes del Sultán a cambio de una parte del botín como paga. Los capitanes y gran parte de la tripulación eran turcos aunque, por tener sus bases en Berbería fueron llamados berberiscos. Los más famosos corsarios berberiscos fueron los hermanos Aruj y Jairuddin, ambos apodados Barbarroja y que se convirtieron en el terror del mediterráneo en aquella época. Hoy en día siguen siendo reverenciados en Turquía como auténticos héroes nacionales.

  Los piratas berberiscos asolaban las tierras del litoral español. El procedimiento que seguían era muy simple: llegaban a las costas generalmente de noche, atracaban en algún fondeadero tranquilo y al abrigo de la noche entraban en las casas y las saqueaban. Como las ciudades solían estar amuralladas todas las viviendas extramuros se convirtieron en presas fáciles. Así granjas, molinos y monasterios, edificaciones situadas alejadas de las murallas fueron sus principales objetivos. ¿Nunca os habéis preguntado porqué en el litoral valenciano hay tan pocos pueblos justo en la costa? Si os fijáis casi todas las ciudades se encuentran  unos kilómetros hacia el interior y lo que tienen en el puerto es un pequeño barrio de pescadores o grao, así sucede en Sagunto, pero tambien en Burriana, Nules, Castellón...etc. Excepto las ciudades que tienen una fortaleza justo en la costa (Como Peñíscola, por ejemplo) todas las demás se encuentran retiradas. Esto es por dos motivos: el primero es que las zonas cercanas a las playas eran marismas poco saludables y tambien por las frecuentes incursiones piratas.

Torre de Vigía de Torregarcía, Almería. S. XVI

 En el siglo XVI,  durante el reinado de Carlos I, se empezaron a construir una serie de torres de vigía a lo largo del litoral mediterráneo, desde Cataluña, Baleares y  Murcia hasta Andalucía, aunque será en esta última comunidad donde más se construirán. La función de estas torres era servir de atalayas y tambien avisar a las poblaciones cercanas cuando se veían las velas de los corsarios acercándose a las costas. En su interior se alojaba una pequeña guarnición, a veces solo dos hombres que, en cuanto vislumbraban señales de los piratas, encendían una hoguera en  lo alto de la torre. Mientras la gente de los pueblos cercanos viera que no salía humo de las torres podían estar tranquilos, porque eso quería decir que   no había moros en la costa. Efectivamente, fue en esta época cuando apareció este dicho que ha llegado hasta nuestros días. 
 En las costas valencianas tambien se construyen numerosas torres, entre los reinados de Carlos I y Felipe II, porque nuestras tierras fueron un escenario habitual de las razzias de los piratas. Así serán atacadas ciudades como Chilches y Denia en 1518 y 1529, Oropesa y Burriana en 1519, El Palmar en 1528, Oliva en 1529, La Vila Joisa en 1536...etc. 

  Los alrededores de Sagunto no serán ajenos a este conflicto. Así la noche del 16 de septiembre de 1547 unos doscientos piratas desembarcaron en el grao de Sagunto y al abrigo de la noche y con la ayuda de caballerías que les facilitaron los moriscos locales, se desplazaron quince kilómetros  tierra adentro hasta el monasterio de Santo Espíritu en Gilet. Tras saquear el convento y matar a tres monjes, se llevan al resto como prisioneros. Uno de los religiosos consigue escapar y avisa a los soldados del castillo de Sagunto, los cuales darán alcance a los piratas, que habrán de huir hacia los barcos abandonando a los monjes y a once corsarios rezagados que serán ajusticiados.  
Otra incursión que realizaron en nuestra comarca fue el saqueo de las granjas y casas cercanas a Faura el día 5 de junio de 1571, cuando secuestraron a 22 hombres mujeres y niños de los cuales nunca más se supo. 
   Como vemos, más que  incursiones de saqueo nos encontramos con autenticas operaciones de comando de la época, cuidadosamente planificadas y ejecutadas.  No es de extrañar que en esta época la población viviera bajo el continuo temor de ser asaltados en cualquier momento, temor que se acrecentaba por la ayuda que muy a menudo prestaban a los piratas los moriscos locales. El pánico a verse atrapados entre una invasión de musulmanes extranjeros y una revuelta de los musulmanes locales será uno de los factores que llevará a la expulsión de los moriscos de todos los reinos de España decretada por Felipe III en 1609.

Torre de El Puig, finales del S. XVI


Sin embargo la deportación de los moriscos tendrá un efecto contrario no deseado, ya que muchos antiguos musulmanes españoles se vengarán enrolándose como guías en la flota otomana. No obstante el poderío Turco quedó muy mermado tras la derrota que sufrieron en Lepanto en 1571. y estos ataques irán siendo cada vez menos frecuentes.
 En 1568  el rey Felipe II encarga al ingeniero militar italiano Luis Bautista Antonelli la fortificación de la costa valenciana. Del ingenio de este arquitecto saldrán obras como las murallas del acceso por tierra de Peñíscola o el castillo de Santa Bárbara en Alicante. Dentro de este proyecto de fortificación se construirán a lo largo del litoral numerosas torres de vigilancia. 
El castillo de Sagunto está situado en el centro de cinco de estas torres que protegían las costas que hay a sus pies y de las cuales solo conservamos dos.
Estas torres eran, de norte a sur:
-La torre de Almenara. Situada en la playa de esta población, desaparecida en el S. XIX.
-La torre de Almardá. En la playa de Sagunto, a unos 5,5 km al sur de la de Almenara. Era una torre cuadrada de tres pisos y trece metros de altura con una pequeña pieza de artillería en lo alto. Esta construcción llegó muy deteriorada al S. XIX y parece ser que sus restos desaparecen completamente a principios del XX. De ella solo nos ha quedado un rastro en la toponimia local: el actual camino de la torreta que va desde la población hasta el lugar de la playa donde esta construcción estaba. 
-La torre de Canet. A dos kilometros y medio de la torre de Almardá y en la desembocadura del río Palancia, construida al igual que la torre anterior en una zona con acceso al agua dulce para evitar que los piratas hicieran aguada allí. En un informe militar de 1673 se describe como una torre hexágonal. En otro de 1785 se incluye un plano que la describe con un pequeño recinto fortificado o barbacana anexo a la torre, aunque señala que ambos están muy deteriorados y su cañón inservible, a la vez que recomienda su urgente reparación. Estas obras no se realizarán nunca porque una riada se lleva toda la construcción en 1778.
-El fortín del Grao Vell. Del que nos ocuparemos detalladamente en una entrada a propósito, pues es la construcción de mayor tamaño y que mejor se conserva.
-La torre de El Puig. En la población de este nombre situada a unos 15 kilómetros de Sagunto. Esta aun se conserva, es una torre circular de 8 metros y medio  de altura y seis de diámetro. Tenía tres alturas y un lugar en lo alto para encender fuego. Su guarnición estaba compuesta  por dos hombres en su interior y otros dos a caballo que partían a avisar del peligro.

   El punto central de este sistema de defensa litoral en nuestra comarca era el castillo de Sagunto. En la fortaleza estaba la milicia que en caso de ataque descendía a caballo hasta donde se encontraba el peligro. También en el centro del castillo, en su plaza de armas se hallaba la ermita de la Magdalena, cuya campana (hoy trasladada a la población) se hacía sonar para avisar a los Saguntinos de estaban siendo atacados.
 En la siguiente entrada veremos como continuaron los ataques de los piratas a lo largo del tiempo y su relación con la construcción del Fortín del Grao Vell. 
Hasta la próxima entrada!













jueves, 9 de enero de 2014

PIEDRAS QUE NO ESTÁN DONDE DEBERIAN

  El Castillo tiene una historia muy larga: En gran parte es una fortaleza islámica edificada sobre una acrópolis romana la cual, a su vez se construyó sobre un opidum o poblado amurallado ibérico. A todo esto se suma el añadido de fortificaciones y baterías de artillería entre los siglos XVII a XIX y la construcción de bunkers durante la guerra civil española. Estamos hablando de un periodo de ocupación que va desde el siglo V antes de Cristo  hasta el XX de nuestra era. A lo largo de los siglos el castillo ha sido usado como fortaleza de manera ininterrumpida, salvo en dos momentos:  los apenas quince años que pasan entre su destrucción por Anibal  y su reconstrucción por Publio Cornelio Escipión (años 219 a 205 a.C.) y el lapso entre su declaración como monumento nacional en 1931 y el inicio de la guerra civil en 1936.  En todos estos años el castillo tuvo un uso militar, y en algunas épocas como la íbera y los primeros siglos de la dominación romana fue tambien población. Es decir, era una acrópolis o ciudad en lo alto, prueba de ello son las ruinas del foro en el interior de la actual fortaleza y los restos de muralla ibérica que aun podemos ver. 

  A partir del siglo I d.C. el espacio del antiguo opidum se va quedando pequeño para contener a la población y la ciudad romana es urbanizada en terrazas que descienden desde la montaña hacia el lugar que ocupa el Sagunto actual. Posteriormente, en época islámica el castillo será edificado y prolongado, incluyendo en su trazado las ruinas del antiguo foro imperial y sin respetar el trazado de la fortaleza íbera, cuyos restos en gran parte quedarán fuera del trazado de las nuevas murallas.
 Todas estas transformaciones que experimenta el castillo hacen que sea continuamente reformado para adecuarlo a las necesidades defensivas de cada época. Cada reforma  implica la utilización de materiales, generalmente piedra para levantar nuevos muros y edificios y en este contexto es donde se produce una gran reutilización de materiales. En efecto, aunque en el interior del castillo y en sus proximidades hay varios puntos que han sido utilizados como canteras, resulta mucho más barato reutilizar la piedra de edificaciones anteriores que ya no son útiles. Esto es lo que los musulmanes harán con las ruinas romanas, lo que los caballeros cristianos harán con los restos islámicos y romanos y  lo que en época moderna se hará con todo lo anterior. Este continuo reciclaje de materiales constructivos ha tenido dos efectos: el primero que tengamos pocos restos íntegros (a mayor antigüedad peor conservados están) y el otro efecto, digamos colateral, es que elementos y materiales de épocas muy diversas aparecen a veces mezclados e integrados en obras más modernas, haciendo a veces muy complicada su interpretación y datación.
 Esta mañana he estado en uno de esos puntos  del castillo donde elementos de varias épocas se funden en una mezcla curiosa.

  Se trata de un muro situado en el exterior de la plaza del dos de mayo, en el lado noroeste del castillo, ariba del pueblo. Se trata de un muro de tapial de época medieval que se construye pocos años después de la conquista de Morvedre por el Rey Jaume I  (1238), a fin de prolongar el castillo e incluir en su interior la torre albarrana o separada que la fortaleza islámica tenía en el extremo oeste de la montaña. Lo curioso es que esta obra se realiza reutilizando un material romano anterior: las columnas que se pueden ver en la base cortadas en trozos y dispuestas transversalmente.

 Estos fragmentos de columna están a su vez levantados sobre restos de un muro escalonado que les sirve de  base y se hayan en el exterior de la actual muralla. En este espacio se distinguen a simple vista unos 9 o 10 fragmentos (las columnas no están enteras bajo al muralla, sus fustes están cortados y usados como bloques). El muro inferior escalonado es de sillería y debía formar parte de algún edificio romano o íbero que existía en esta parte de la antigua ciudad sobre la que se levanta el actual castillo.





Después de unos pasos en dirección este se ve como toda la base de la muralla sigue estando formada por fragmentos de columna, aunque en algunos puntos el tiempo y las capas de revoque hacen que sea más difícil distinguirlas.








Curiosamente en este lugar  un algarrobo ha crecido echando sus raíces entre el muro y la columna romana. 
Este lienzo de muralla construido con fustes de columnas reutilizadas tiene unos 40 metros de largo (a ojo, no me llevé metro) y acaba justo al pie de la pasarela que une la ciudadela con el recinto del dos de mayo, justo debajo del foso que los separa. Allí se ven restos de  otro muro formado por material romano el cual incluye bloques de travertino,curiosamente  la roca con la cual estaba construido el templo del foro, cosa esta que sabemos por los restos de las columnas y del friso que aun se conservan. Esta roca es muy curiosa porque su textura porosa y su color blanquecino la diferencian claramente de la caliza azul  del castillo y porque no es un tipo de roca que exista en la montaña, los romanos la tuvieron que traer de otras canteras.



Este bloque tiene una ranura en el centro (he colocado el móvil al lado para que se vea el tamaño) por lo que posiblemente en origen  estaría integrado en el acceso a algún edificio,  formando  parte de un dintel donde podría  ir situada una puerta a cuyo cierre correspondería  la ranura (Esto es una suposición personal y como tal debe entenderse, no soy arqueólogo)












  A pocos metros hay una columna cuya unión con el muro ha caído o ha sido manipulada por alguien, quizás para medirla durante algún trabajo arqueológico. Esta columna tambien es de travertino, el material que los romanos usaban para los edificios más monumentales como los templos (El coliseo en Roma esta construido con bloques de esta piedra). Esta columna en cuestión está estriada como las del antiguo templo del foro, aunque su diámetro parece ser menor (prometo volver con un metro y actualizar la entrada). 
Sin embargo veo poco probable que esta columna al igual que las otras pertenecieran a edificios del foro romano. ¿Por que digo esto? 
Volved a pegar un vistazo a la primera foto de esta entrada y lo comprenderéis: es una panorámica del castillo tomada desde la ciudadela, es decir desde apenas 25 metros del punto donde están estas columnas. El foro romano está debajo, en la otra punta del castillo, casi al final de lo que se ve en la imagen.
¿Que sentido tiene desmontar unas ruinas romanas y arrastrarlas casi un kilómetro cuesta arriba salvando tal altura? ¿No es más lógico pensar que en la edad media se reutilizaron unas ruinas que ya existían en esa localización o en algún punto cercano? 
 Por lo que conocemos de la historia del castillo la población de la montaña y su urbanización a lo largo de la historia ha seguido un patrón descendente: de arriba a abajo y de oeste hacia el este. Correspondiendo a la parte más elevada del castillo,  en su extremo oeste, el emplazamiento original de la fortaleza íbera, de hecho la mayor parte de los restos de muros de esta época se concentran en el oeste y suroeste de la montaña. Es lógico pensar, que al igual que sucedió con el foro, la ciudad romana en parte estuviera asentada sobre ruinas íberas, por lo que no es descabellado suponer que en este punto del castillo tambien pudieron existie edificios romanos de tipo monumental como templos, de los cuales no queda apenas nada debido a las continuas reformas realizadas en el castillo. 
  Sabemos tambien que en el siglo XVIII el Arzobispo de Valencia Antonio Despuig, junto con un erudito inglés (Lord Cuningham), realizan unas excavaciones arqueológicas en el castillo. Uno de los puntos donde excavan es en la antigua torre de Hércules, actual ciudadela, un lugar muy cercano a donde se encuentra este muro de las columnas. En su subsuelo encuentran cuatro columnas rotas pero aun verticales, un capitel y dos grandes losas de caliza azul romana. La conclusión que podemos sacar es que en la cima del castillo existieron monumentos en época romana que desgraciadamente y por los avatares de la historia no han llegado hasta nuestros días o han llegado destruidos,  mezclados e integrados en obras posteriores.

ACTUALIZACIÓN:
 He vuelto a visitar este lugar dos años despues y me he dado cuenta de un par de cosas interesantes. La primera es que hay unos cuantos sillares romanos de tamaño considerable en la ladera de la montaña que está justo debajo de este tramo de muralla. Esto me reafirma en mi opinión de que es más fácil que se trate de material que ya estaba situado en lo alto de la montaña cuando se reutilizó en la edad media y que no fue subido desde el foro o desde el pueblo (es más fácil que los bloques hayan ido cayendo rodando montaña abajo)

















La otra cosa que me llama la atención es la estructura de sillares escalonados que se ve justo delante del tramo de muralla que concentra el mayor número de fustes de columna  ¿Se trataria de una escalera? ¿Un acceso a algún edificio romano? ¿Un templo?.






miércoles, 1 de enero de 2014

LAS CISTERNAS DEL CASTILLO (II)

Continuamos en esta segunda entrada con el tema del abastecimiento de agua en el castillo. Anteriormente habíamos visto las cisternas de tipología íbera que supuestamente serían las más antiguas del castillo. Muchas de estas cisternas serán conservadas y mejoradas por los romanos, los cuales tambien construirán nuevos depósitos de agua en el opidum. Precisamente el más espectacular de estos lo tenemos situado en el flanco sur del foro romano, concretamente a unos cuatro metros de profundidad.

Respiradero de la cisterna de los 22  pilares en el foro romano.
En esta parte del foro podemos ver dos torrecillas separadas por un barracón de chapa usado como almacén por los arqueólogos. Estos cilindros están huecos y son los respiraderos de la gran cisterna romana que hay en el subsuelo. En la antigüedad estos respiraderos fueron tres, pero hoy el tercero está roto a ras del suelo y se halla cubierto por una tapa de alcantarilla junto a la antigua casa del guarda. La función de estos respiraderos es comunicar el depósito de agua con el exterior, de manera que el aire pueda salir según la cisterna se va llenando de agua.



Colector de agua, al fondo la torrecilla del respiradero

   En el lado este del foro y frente al primer respiradero se puede ver descubierto el antiguo canal subterráneo que recogía el agua de lluvia y la conducía hacia el interior del depósito.
   La cisterna que se encuentra bajo nuestros pies es la más famosa y espectacular del castillo (aunque no la de mayor capacidad). Se trata de una construcción de 65,6 metros de largo por 4,15 de ancho y su bóveda se asienta sobre unos arcos que descansan sobre 22 columnas de dos metros de altura, las cuales le dan el nombre por el que es conocida: la cisterna de los 22 pilares.
    Esta cisterna ocupa todo el lado sur del foro, desde la muralla que cierra la plaza de Almenara hasta el subsuelo de la antigua casa del guarda, en cuyo jardín aun se encuentra el brocal del pozo.

Cisterna de los 22 pilares, interior.
Pozo de la cisterna en el jardín de la antigua casa.

















En época islámica esta cisterna seguirá en uso y a ella se sumarán otras que los nuevos ocupantes construirán. Precisamente serán los musulmanes los que nos han dejado en herencia una de las palabras por las que las conocemos: Aljibe en castellano o en valenciano aljup, que viene del árabe Al jub, es decir: el pozo.
Algunas de estas cisternas o aljibes seguirán en funcionamiento a lo largo de los siglos, llegando incluso hasta nuestros días. Tal y como pasa con el aljibe situado en la plaza de estudiantes y llamada del llavaner, por tener un lavadero o pila de piedra anexo (ver entrada), el cual será usado durante todo el siglo XIX y parte del XX por la guarnición,  o la propia cisterna de los 22 pilares que aun hoy se llena de agua en cuanto llueve.  Otros aljibes no han llegado hasta nosotros en tan buen estado y tan solo conservamos  sus ruinas o apenas unos fragmentos del revoque interno.
Cisterna del llavaner.

Cisterna de los 9 pilares, romana reformada en la
 edad media. Es la de mayor capacidad del castillo.
  Esta forma cilíndrica tan característica de los respiraderos es la que muchas veces nos ayuda a localizar  los aljibes que están debajo. Otros están tan escondidos o tan deteriorados que podemos pasar por encima de ellos sin darnos cuenta de su presencia. Paseando por el castillo es muy fácil ver más de un gran agujero excavado en la roca del suelo. No penséis que son fruto de la naturaleza, acercaos y comprobareis que su interior suele estar recubierto de un revoque de mortero para hacerlo impermeable. 
Estas ruinas son la herencia que la más vital de las necesidades nos ha dejado en el castillo.